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Templarios en Monsanto.

Portugal es de los pocos lugares de Europa donde los dispersos y maltrechos caballeros de la Orden del Temple lograron ponerse a salvo de sus perseguidores, cuando a principios del siglo XIV el monarca Felipe IV de Francia, considerablemente endeudado con la Orden, comenzó a presionar al Papa Clemente V con el objeto de que éste tomara medidas contra sus integrantes, hasta que fue definitivamente disuelta en 1312. Allí se camuflaron bajo la Orden de los Caballeros de Cristo y, a su vez, dejaron buena muestra de sus típicas edificaciones, castillos y fortalezas por todo el país.

En lo alto de la mole granítica de Monsanto, a 770 metros de altura sobre el nivel del mar, los templarios construyeron una fortaleza inexpugnable, integrado por grandes murallas de piedra y cuatro recintos defensivos. Un castillo que jamás fue conquistado y que hoy, siete siglos más tarde, es el símbolo del poder alcanzado por los caballeros de la Orden del Temple en Portugal. Las vistas que se disfrutan desde lo alto del baluarte de Monsanto son espectaculares, desde las cuales se contemplan la Sierra de la Estrella, el Valle del Tajo, la Sierra de Gata e incluso, en los días claros, la Sierra de Gredos situada a más de 150 km de distancia.

Considerada como la más portuguesa de todas las aldeas, la milenaria población de Monsanto es testigo de la presencia de estos caballeros medievales en Portugal. Entre las estrechas y laberínticas callejuelas de casitas, se celebra cada año una especie de festejo con tambores y costumbres típicas de las vestales romanas en lo que probablemente es el único lugar de Europa donde aún se celebra esa tradición.

Una multitudinaria procesión asciende por la empinada montaña hasta el Castillo de Monsanto, construido en el siglo XII por los templarios. Se trata de una fortaleza de gruesas y graníticas paredes con cuatro puertas en forma de arco y grandes contrafuertes que albergan una gran cantidad de misterios en su interior. La edificación contiene muchos ventanucos y huecos en las paredes que resultan enigmáticos. Como ejemplo, doce relieves inscritos en unas piedras situadas precisamente hacia el poniente. En realidad, todo el conjunto parece tener una clara connotación astrológica ya que las alusiones a los signos zodiacales parecen continuas.

Cerca del castillo, donde se hallaron restos del culto al antiquísimo dios celtíbero y prerrománico Endovélico, los templarios construyeron una capilla dedicada a San Miguel, actual patrón de Portugal, exactamente donde se pueden aún contemplar unos curiosos túmulos excavados en la roca. Más bien parecen depósitos de piedra donde se realizaba algún tipo de ritual. Se sospecha que los templarios portugueses realizaban allí un antiguo ceremonial milenario que ya practicaban hace siglos los romanos, y donde, incluso, se realizaban sacrificios. Al parecer, allí se dirigían los antiguos habitantes de Monsanto en procesión para dar sus ofrendas a sus dioses paganos.

Para ello practicaban abluciones purificadoras en las extrañas piscinas pero con un líquido inusual: la sangre de sus bueyes y carneros. Según la tradición, con un cuchillo inmolaban a sus víctimas. Después lavaban sus vísceras en algunas de las oquedades pétreas, mientras que las otras se llenaban con la sangre sobrante. Con ella se mojaban la frente y se repartían las pieles de los animales sacrificados para que los dioses les dieran un buen año agrícola, conforme a ritos procedentes de las religiones orientales






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